Lee el primer capítulo




*
   Hay una mujer sentada en la arena que no sabe quién es. La fina arena dorada acaricia sus pies desnudos, y el calmado mar que bate la orilla le trae el color de la mirada de la mujer que ya no está.
   El recuerdo de esa mujer le duele con desesperación. Sabe que ha vuelto a perder y, con ello, a perderse ella. Casi no le importa volver a una vida desmantelada, porque ya todo le da igual desde que la perdió. Su pérdida ha sido la puntilla final, el remate a la pesada losa que siente en el pecho y que amenaza con llevarse su respiración. No le habría importado el resto, las sombras y las mentiras sobre las que se ha asentado su vida entera, el no saber quién es o, exactamente, quién pudo haber sido si la vida no se hubiera dedicado a jugar con su destino.
   Porque la mujer sentada en la arena sabe que habría podido afrontarlo todo si ella hubiese estado a su lado.
   No ha sido así. Cabecea con angustia, perdiendo la mirada en el mar. Es la segunda vez que le pasa. La segunda vez que una mujer que se ha hecho con su corazón se aleja. La segunda que lo hace cuando más la necesita. Y, por ello, vuelve a sentirse perdida. Vuelve a estar sola.
   Pero no es aquí, ni ahora, donde esto empieza. Ni siquiera lo peor de todo.
   Lo peor de todo es que la mujer sentada en la arena no sabe si es el final.

***


1

   Supe entonces que todo, fuera de ese beso, de esas cuatro paredes y de la tregua concedida, sería terriblemente complicado. Pero estaba dispuesta a intentarlo y supe, cuando ella terminó el beso y me miró, que ella estaba igual de dispuesta.
   Rogué para que ninguna se arrepintiera de empezar ese baile. Acaricié la mejilla de Micaela con el dorso de la mano y ella rindió su rostro sobre mi pecho. Sentí cómo tomaba aire y lo dejaba escapar en una lenta exhalación.
   —¿Qué? —susurré.
   —No será fácil —respondió, igualando mi tono.
   —Lo sé.
   La mecí entre mis brazos y nos quedamos en silencio, arrulladas por la música de fondo del Sappho. Lo sentí con claridad. El miedo, dentro de mí. Ahí debí darme cuenta o, al menos, tener el valor de darle un nombre. No lo hice, mentí. A mí, a ella. No sé por qué, aunque es obvio que sí, para qué vamos a engañarnos. Si hay algo que conozco de mí son mis peores defectos, y si hay algo que conozco de mí por encima de todo lo que conozco de mí, es que no iba a hacer nada para enmendarlos. No en ese momento, al menos. Si algún día había de redimirme como persona, lamentablemente estaba lejos de esa fría noche de febrero. En mi descargo he de decir que yo no era así: solo lo logré (ser tan defectuosa) tras arruinarme la vida un año atrás. Había recalado en Océano después de abandonar mi ciudad natal, Illica. Una huida motivada por el eco de los cascotes de lo que hasta entonces había sido mi vida, una policía a la que le gustaba su trabajo y cuyo corazón había encontrado su nombre en el fondo de la mirada de una mujer llamada Helena. La Cate que fui allí y entonces no se reconocería en el espejo de esta Cate de aquí y ahora, ¿resurgida? de sus cenizas empapada en alcohol y sexo con desconocidas. Tenía veintisiete años y me había pasado el último saltando de mujer en mujer y de copa en copa, aunque había tenido la lucidez suficiente como para: a) conservar la verticalidad, y b) un mínimo de sentido común que me permitiera, por un lado, reinventarme como detective privada (con lo bien que eso le venía a mi nivel nutricional y al pago de facturas) y, por otro, reunir a una serie de (novísimos) amigos que todavía no habían descubierto (o más bien no se acababan de creer) que realmente yo era la immmmBécil que merecía ser.
   Y entre aquellos que pensaban así, al parecer, estaba Micaela. ¡Ah, Micaela! Una preciosa rubia de veintinueve años, largo cabello, ojos azules y piel suave como el terciopelo. Era dueña del Sappho, un local de ambiente para chicas (y uno de los cinco lugares favoritos de mi vida) de la que servidora era asidua. También, para desgracia de mi atribulado corazón, era puta.
   Habíamos tenido el típico inicio del revolcón sin un mañana por horizonte. Nada que no pase cada día bajo el lubricado Sol de este mundo nuestro. Pero Micaela, que tendría que haber sido una más entre tantas, otro sabor en la coñoteca de mi paladar, he aquí que se me coló dentro sin darme cuenta. No sé por dónde entró, ni cómo, pero lo hizo y se quedó el tiempo (o con la intensidad) suficiente como para hacerme detener y que me fijara en esa extraña quemazón que empezaba a señorearse de mis sentidos. Después, la cosa se había complicado un poco, por aquello de que ella era puta y yo imbécil y tal y, en fin, tras un buen lío mental y emocional, el asunto había acabado conmigo en su despacho con el corazón en la mano, como en el juego del Cluedo, versión San Valentín Bollo.
   Pero, ¡ay!, tampoco esto es realmente así porque, sí, en efecto, yo había ido esa noche al Sappho para confesarle que había mucho en mí por ella, pero creo que no lo había hecho muy bien, porque ese mucho no había aparecido por ningún lado o no lo había hecho como debería ser: alto, fuerte y claro. Y sé que no había sido justo, como no lo era escudarme en la excusa de mi desmantelada vida, porque sabía que Micaela se jugaba tanto como yo. Había admitido que ya era demasiado tarde para ella y yo, pese a haberme reconocido a mí misma que Micaela no estaba sola en su camino, en lo que sentía, solo fui capaz de apostar un difuso y huidizo «Quiero intentarlo».
   Tal vez, si esa noche, y todas las que siguieron, hubiese sido sincera y el miedo no me hubiera paralizado...
   Pero estoy adelantando acontecimientos. Lo que ocurrió después aún quedaba lejos de esa primera noche, por mucho que ese día empezaron a asentarse los viciados cimientos que acabarían derribándonos a las dos. Sé bien lo que hice o, más bien, lo que no. No lancé el ancla, no aseguré la nave, no fui sincera con ella. Tuve miedo, y más temor aún de afrontar la razón de su ser. Sobre todo al sentirlo tras besar a una mujer que me gustaba mucho mientras la mecía entre mis brazos.
   ¡Qué imbécil! Tendría que haberlo hecho, tendría que haberle dicho esa noche que, pese a lo absurdo que pudiera parecerle, estaba empezando a amarla. En su lugar, usé el mismo método que ya había utilizado para desmantelar mi vida anterior: huir hacia delante. En Illica hui de todo lo que había sido, de todo lo que había tenido. Esa noche, en Océano, con Micaela entre mis brazos, hui de lo que sentía. Lo siento, señoras y señores del jurado, Helena (y todo lo que pasó) hiperbolizó en mí el chip del pánico. No toques ese botón, niña, o te reventará la vida. Retrocedí, así, un paso y lo llamé incertidumbre, que es al fin y al cabo la materia de la que estamos hechos: «No —me dije esa noche—, no tienes miedo a quererla y a que de nuevo te rompan el corazón, no es eso. No seas absurda. Apenas la conoces. Es el sexo, es una maravilla. Ese miedo es tan solo vértigo. Estás sola. Es la primera mujer con la que anhelas quedarte más allá de la cama. No es amor, es necesidad».
   ¡Qué estúpida, ningunear aquello de un modo tan ruin! Si algo puedo alegar en mi defensa es que yo era (lo sigo siendo, hoy más que ayer) una persona que todavía lidiaba con las ruinas de su vida.
   Pero, de nuevo, adelanto acontecimientos. Era una noche de invierno y tenía a una hermosa mujer meciéndose entre mis brazos.
   Es aquí donde esto empieza.

16 comentarios:

  1. Estimada Clara, que decir más que estoy impaciente por esta nueva historia, que siento cosquillas en los dedos al pensar en el momento de disfrutar de la nueva aventura de Cate. Gracias por regalarnos tus historias. Saludos. Vero

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  2. Hola Verónica:
    La impaciente en realidad soy yo, nerviosa ante la responsabilidad de estar a la altura con lectoras como tú. Expectativas como la tuya es lo que hace que merezca la pena seguir escribiendo, pese a la parte de "sufrimiento" que conlleva.
    Muchas gracias por estar al otro lado de las páginas y muchas gracias por tomarte la molestia de hacerme llegar tus palabras.
    Espero no defraudarte con esta nueva entrega.
    Un beso,
    Clara

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  3. Hola Clara, que tal estas?. Supongo que a mil con este nuevo libro en la calle. Quería preguntarte si sabes cuando sale en versión kindle, ebook?.. Gracias.Saludos. Vero

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    1. Hola Verónica:
      Pues precisamente lo pregunté el otro día a la editorial y todavía no pudieron darme una fecha concreta, solo una estimación: tal vez para después de Navidades. Un poquito más de paciencia...;O)
      Saludos,
      Clara

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  4. Clara, me has dejado de piedra pues pensaba que esa iba a ser la manera más rápida de llegar a Cate...pero por lo visto tendré que pedirlo en papel si llega más rápido (ojo es mi preferencia pero pensando en alcanzar a Cate lo antes posible iba a optar por la otra). Gracias totales por la info. Saludos. Vero

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    1. Bueno, ya sabes, las cosas de palacio... ;O) Y sí, entonces creo que sí te va a resultar más rápido en papel. Bueno, pues ya me dirás qué te parece esta segunda entrega.
      Gracias a ti, mujer.
      Besos,
      Clara

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  5. Hola Clara,que tal?. Luego de una larguísima espera y de más vueltas que un caracol pude llegar hasta Cate...dicen que lo que cuesta vale y nunca mejor dicho.
    Que más decirte que lo empece ayer de tarde y lo terminé hace un ratito...y que no veo la hora de la próxima entrega.
    Me puse al día con todos tus libros y eso para alguien que ama leer y la buena lectura es como el paraíso..
    Pero volviendo a Cate me recuerda, salvando las distancias y diferencias, a otra detective a quien sigo los pasos y es una debilidad
    tanto como ella: Micky Knight.
    Gracias a vuestra imaginación uno puede descubrir maravillosos mundos en los cuales sumergirse y disfrutar. Una vez más gracias totales y quedo a la espera de lo próximo que saques de tu galera.
    Un saludo grande desde un pequeño país americano y bendita la globalización que nos acerca a gente talentosa como tu. Vero

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  6. ¡Vaya! ¿Ya? Ja, ja, qué poco te ha durado, Verónica. Pues me alegra mucho, muchísimo, saber que te ha gustado. ¡Siento siempre tanta responsabilidad ante mis lectoras! Y más por alguien como tú, que se toma tanto esfuerzo por tener los libros. Te lo agradezco mucho, así como que también te tomes la molestia de escribirme para hacerme saber qué te ha parecido (y aliviar así, de paso, mis nervios).

    Y sí, en efecto, Cate te recuerda a Micky... porque es una especie de hija no reconocida suya, jaja. Siempre he dicho que el personaje de Redmann fue mi inspiración directa, directísima, para crear a Cate y así se lo dije a ella misma cuando tuve la suerte y la ocasión de charlar brevemente vía email con ella. ¿Sabes que J. M. Redmann tiene en su casa un ejemplar de "El primer caso de Cate Maynes"? Se lo hice llegar a través de una persona en común y ella, a la vuelta, me hizo llegar uno de sus libros...¡dedicado! Fue una maravilla. Así que sí, en efecto, podríamos decir que Cate y Micky son algo así como primas lejanas. :O)

    Yo también bendigo la globalización, créeme. Gracias a ella he podido entrar en contacto con lectoras como tú, algo que me parece absolutamente fascinante.

    Un beso y gracias a ti por confiar en mi trabajo.

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  7. Hola Clara, increíble lo que me cuentas de J.M. Redmann, contar con un libro dedicado por un autor/a que admiras sin dudas no tiene precio.
    Hoy me alegraste la tarde cuando vi que ponías a disposición una versión extendida de " El camino de su piel" , volé a Amazon y bajé la versión kindle. Ahora si me dedicaré a disfrutarla...como es corta voy a "paladearla" de a poco a ver si dura un poquito más y se acorta la espera hasta tu próxima obra, ya sea con aventuras de Cate o quién sabe que de tu envidiable imaginación. Te mando un beso y hasta la próxima. Vero.

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  8. Anda, gracias. ¡Pero, mujer, avisé que haría una promoción gratuita! Y ha sido hoy mismo: http://amzn.to/1CtBjvs No pude poner la fecha exacta porque en Amazon funcionan con el horario de la Costa del Pacífico y no tenía muy claro cuándo activarían la promoción.
    Pero muchas gracias, espero que disfrutes con la historia. :O)
    Un beso para ti, de parte de Cate y mía,
    Clara

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  9. Hola tu de nuevo. Si, había visto que anunciaste que próximamente se iba a poder descargar gratuitamente pero el costo era bajo y hay que valorar tu trabajo también...además, en cuestiones de cosas que me interesan son muy ansiosa y no quería esperar. Hablando de versiones ya sea kindle, ebooks, etc. son geniales porque muchas veces permiten que uno acceda a libros más rápido o que sea la única vía posible para llegar a ellos, pero me esta pasando que extraño la textura del papel....por lo cual estoy experimentando y eso me ha llevado a que si un libro me cautiva lo suficiente lo adquiero luego en papel...pero como te decía soy muy ansiosa y hasta mi país demoran bastante en llegar las compras realizadas en otros lados y más si se trata de que lleguen de otro continente. Pero, por esas cosas de la vida y de la suerte que parece que decidió darme una manito voy a estar por tu país en un par de meses (crucemos los dedos) y ya tengo un pasajero extra seguro para la vuelta.....Elisa....beso y gracias.Vero

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  10. Hola Vero:
    ¡Ay, sí, esa nostalgia del papel! Creo que todos hacemos lo mismo: los especiales, en papel, jaja.
    Pues gracias por esa valoración de mi trabajo, es muy de agradecer y también un estímulo para continuar. Y, oye, bienvenida por estos lares si al final se confirma tu visita. Encantada de que consideres que el Elisa sea una de las cosas que te lleves de regreso a tu país. :O)
    Gracias por todo y un beso,
    Clara

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  11. Hola Clara, como va?. Después de disfrutar de tu país (maravilloso) he vuelto al mío con tu Elisa bajo el brazo recorriendo los más de 10 mil kilómetros que separan nuestras tierras. En tal larga travesía aproveche para releerlo y descubrir cosas que en la primera lectura no las había notado con tanta nitidez, quizás porque muchas veces depende de los momentos en que nos encontramos cuando leemos tal o cual libro. Lo que puedo asegurar es que al finalizarlo me volví a maravillar con esa joya que ahora disfruté palpando el papel, recorriendo con la yema de los dedos cada letra y cada sentimiento que volcaste en él. Que maravillosos son los libros de papel!!, uno a veces lo olvida con tanta invasión de libros electrónicos (que reconozco son necesarios ya que a muchas obras solo se accede por ese medio). Elisa es una obra que ojalá disfruten muchos. Me quedo a la espera de tu próximo trabajo que ya vi que está por salir. Besos. Vero

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    1. Hola:
      Me alegra saber que disfrutaste del país. :O) Gracias por esa relectura y mil gracias más por hacerla desde ese cariño. Me alegra saber que volviste a disfrutar de sus páginas. A veces son más importantes las segundas lecturas que las primeras, por lo que dices: descubrir nuevas cosas.

      Y sí, hay nueva novela en perspectiva (y algunas cositas más, de las que ya iré informando), y en este caso se trata de una intriga romántica. :O)

      Saludos desde ese país que ya has dejado atrás,

      Clara

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  12. Hola Clara, gracias por tomarte tu tiempo para responder. Me encantan las intrigas y si le sumamos lo romantico completamos el combo! Jaja. Estoy casi al día con tu obra solo me falta "un perro llamado ursula" que por cosas de la edad me olvide de buscarlo cuando estuve ahí, así que veré alternativas. Te mando un saludo desde aquí. Vero

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  13. ¡Ay, señor, qué malas son las cosas de la edad, jaja!;O) Espero que lo consigas sin problemas y completes la colección, Yo,muy agradecida por tu confianza en mi trabajo. ¡Muchas gracias!

    Saludos.

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